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Movimiento por la Democracia Participativa

Posada Carriles y la Lumpenburguesía mundial

Heinz Dieterich
Rebelion/MDP

Es evidente que el terrorista de Estado cubano-estadounidense Luis Posada Carriles no será extraditado a Venezuela. Es evidente, porque su extradición supondría la existencia de un Estado de derecho dentro de los Estados Unidos de América, lo que no es el caso.
Lo que existe en la Unión Americana es un Estado gángsteril que descansa sobre los estratos más reaccionarios de una lumpenburguesía mundial y que apenas la semana pasada tuvo que ser frenado en una nueva intentona conspirativa en Venezuela, contra el Presidente Hugo Chávez.

La batalla por la extradición de Posada Carriles es una batalla que se lleva a cabo en el frente del poder intangible o soft power de la sociedad internacional, es decir, la opinión pública mundial y la credibilidad y autoridad moral de los actores políticos globales. Es una batalla, en la cual los gobiernos de Cuba y Venezuela descubrieron tempranamente el talón de Aquiles de Washington, factor que llevó a la decisión de aprovecharlo en bien de las causas populares, democráticas y bolivarianas.

Ambos gobiernos, apoyados por sectores críticos, movilizaron sus fuerzas en una ofensiva relámpago. Cientos de miles de cubanos en la calle, declaraciones, revelaciones informativas y demandas mediáticas directas de ambos Presidentes, la recaudación de firmas en Venezuela y el encuentro internacional “Contra el Terrorismo, por la Verdad y la Justicia”, el 2 y 3 de junio, en La Habana, son parte de esta ofensiva.

La movilización está teniendo efecto y terminará en una derrota táctica de Washington. No solo de Washington, sino también de su aparato intervencionista que maneja la ofensiva estratégica contra el bolivarianismo en el hemisferio, desde el terrorista de Estado Álvaro Uribe en Colombia hasta el nuevo pelele monroeísta de Washington en la Organización de los Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza y los genocidas de la Operación Cóndor. La derrota táctica de Washington es segura; pero por su naturaleza táctica es pasajera y el respiro para las fuerzas democráticas será temporal.

Gente como Posada-Carrilles o Orlando Bosch son imprescindibles para todo Estado gángsteril, porque todo Estado gángsteril requiere de especialistas de la guerra sucia, como son los torturadores, los terroristas que colocan bombas y los miembros de los Escuadrones de Muerte, que matan por encargo.

Después del asesinato del Presidente John F. Kennedy, el presidente estadounidense en funciones, Lyndon B. Johnson expresó ---tal como lo registra el “Church Report”--- su sorpresa sobre la “murder incorporation” que Kennedy había operado en el Caribe. Pero el “sindicato de asesinos políticos” de Kennedy no estaba limitado al Caribe, sino que funcionaba al mismo tiempo en Colombia, en Venezuela, en Vietnam y en Africa. Era una Internacional Terrorista, semejante en muchos aspectos a la actual de Bush, porque era un requisito funcional indispensable del imperio para garantizar sus intereses globales.

Es poco conocido que dentro de las fuerzas invasoras de Playa Girón había formaciones especiales cuya tarea consistiría en “limpiar” las “zonas liberadas” por los mercenarios. Al estilo de los SD-Einsatzgruppen de los Nazis (grupos de tarea) en las “zonas liberadas” por el ejército de Hitler en la Unión Soviética, esos Escuadrones de Muerte iban a “limpiar” a Cuba de todos los simpatizantes y cuadros de la Revolución, tal como iban a hacer las unidades operativas de la DISIP venezolana después del golpe contra Chávez en el 2002, o como hacen hoy día los terroristas paramilitares de Uribe en Colombia.

Por la trayectoria y el doble perfil de Posada, ser terrorista consumado y comisario político al mismo tiempo, es evidente que nunca fue un simple peón en los aparatos de guerra sucia de Washington, sino que probablemente haya sido uno de los líderes de esas unidades especiales de aniquilación.

Todo esto, sin embargo, se está volviendo secundario. Aunque Posada sea ahora, por un momento, el foco de la atención mundial y aunque sea un problema mediático para el imperio, es, en el fondo, un relicto del pasado: un delincuente de la “guerra por los caminos del mundo”.

Una nueva generación de terroristas del Estado está realizando las torturas, desapariciones forzadas y asesinatos políticos “por los caminos del mundo”, sin las cuales el capitalismo imperial no puede existir.

Nuevos ejecutores, nuevos gerentes, nuevas “máscaras personales” de la férrea lógica económica de la Lumpen-burguesia mundial y sus interminables guerras imperialistas.

Solo cuando esa clase desaparezca del mundo, desaparecerán sus “perros de guardia”, como los Posadas y los Uribes. !Este es el frente de guerra estratégico, donde tienen que ser derrotados!
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